
La importancia del cloro para el agua de las piscinas
El agua de la piscina no puede permanecer estancada; debe recircular constantemente. Si se detiene, la temperatura aumenta y favorece el desarrollo de organismos y microorganismos: algas, larvas, bacterias y otros. Además de hacer circular el agua y filtrarla, también es necesario añadir un agente desinfectante, como el cloro o el bromo.

El tratamiento del agua de la piscina es complejo y requiere personal cualificado. En Atēnia, ponemos nuestros conocimientos y experiencia al servicio del mantenimiento correcto de las instalaciones y para garantizar un agua apta para el baño.
Según el Reglamento de piscinas de uso colectivo (BOPA núm. 41, año 24, 29 agosto 2012), se deben controlar los siguientes parámetros:
- pH entre 7 y 8
- Concentración de cloro residual libre: 0,5 – 2 mg/l
- Turbidez ≤ 2 NTU
- Conductividad a 20ºC: no más de 800 µS cm⁻¹ por encima del nivel del agua de la piscina
- Amonios < 0,50 mg/l
- Ausencia de coliformes fecales, enterococos intestinales, estafilococos dorados y pseudomonas aeruginosa
- Bacterias aerobias < 100 UFC/ml y coliformes totales < 10 UFC/100ml

Si el agua no cumple estos requisitos, puede provocar enfermedades y molestias: conjuntivitis infecciosa, otitis de piscina, granuloma de las piscinas o pie de atleta.